La hélice de nuestra embarcación es la pieza clave para su propulsión y por ello nos debe merecer una especial atención, además, como cualquier otra parte de nuestro barco que se encuentre sumergida, esta sometida a todas las oxidaciones, ataques y adherencias del mar; no debemos olvidar que es el elemento que permite transformar la energía mecánica en propulsión.
Es un desastre tener la hélice en mal estado, estropeará el eje de transmisión; si está desequilibrada, produce vibraciones, y si se encuentra golpeada o está doblada, peor aún, ya que puede producir enormes rozamientos que al final se traducen en bajo rendimiento; por estas razones cuando saquemos nuestro barco del agua, la primera inspección deberemos hacerla a la hélice.









